El Valle de Upar: raíces de una civilización

Historia · Identidad · Origen

Desde los tiempos precolombinos hasta la fundación de la ciudad que hoy conocemos como Valledupar, un recorrido por la historia del territorio que le dio nombre y alma a la cultura vallenata.

Punto de partida

El Valle de Upar no es simplemente una denominación geográfica. Es el nombre de un mundo cultural forjado a lo largo de siglos por el encuentro —a menudo violento, pero también profundamente creativo— de tres grandes tradiciones: la indígena chimila, la africana traída en condición de esclavitud y la europea española. De esa síntesis nació el pueblo que hoy habitamos, y de ese pueblo nació el vallenato.

El territorio y sus primeros habitantes

El concepto de Valle de Upar trasciende cualquier límite político-administrativo posterior a la Conquista. Se trata de un vasto territorio plano incrustado entre montañas: al occidente, la cordillera de los Andes y el río Magdalena; al oriente, la Sierra Nevada de Santa Marta y la serranía de Los Motilones; al norte, las tierras que desembocan en el mar Caribe. Este espacio generoso, bañado por los ríos Cesar, Ranchería y Ariguaní, fue desde tiempos inmemoriales el hogar de la nación chimila, la cultura indígena dominante de toda la región.

La geografía no fue un mero escenario: fue un actor decisivo en la formación del carácter humano de esta tierra. El clima cálido y húmedo, los ciclos de lluvias, la fertilidad excepcional del suelo y la abundancia de fauna y flora moldearon una cultura abierta, trashumante, musical y hospitalaria. El investigador inglés Alejandro Clark, quien convivió con las tribus del valle por más de cuarenta años, contribuyó a establecer que el territorio chimila se extendía desde el río Magdalena hasta las inmediaciones de Barrancas, en La Guajira, incluyendo la franja compartida con los tupe o coyaima.

¿Por qué "Upar"? Los primeros conquistadores españoles dieron el nombre de Upar a todo el valle en reconocimiento al cacique mayor de la nación chimila, la figura política más prominente que encontraron al penetrar el territorio. La propia palabra chimila significa en el idioma nativo "muchedumbre", señal de la enorme numerosidad de este pueblo. Su capital estaba situada en el mismo lugar donde hoy se extiende Valledupar.

La nación chimila: cultura y civilización

Lejos del estereotipo que los conquistadores proyectaron sobre los pueblos americanos, los chimila eran una nación organizada, con gobierno central, ciudades conocidas, vida religiosa compleja y una cultura material y simbólica de gran riqueza. Sus principales centros urbanos incluían la ciudad de Upar —completamente destruida por Alfinger—, Támara (rebautizada por los españoles como Tamalameque), Mauracataca, Fonseca, Chiriguaná, El Molino, Chimichagua, Villanueva, Guataca y Sompallón, hoy conocida como El Banco.

Eran agricultores, pescadores, apicultores, artesanos, navegantes y guerreros. Su religión, notablemente desarrollada, los había conducido a la concepción de un solo Dios y un alma inmortal —hecho que los cronistas españoles, asombrados, anotaron con detalle. La unidad de gobierno de tan vasto territorio era una prueba más del desarrollo alcanzado por esta nación.

En el plano musical, la herencia chimila es clara y vigente hasta nuestros días. La organología precolombina —conformada por aerófonos, membranófonos e idiófonos— sobrevivió siglos de conquista y colonización. La caja —tambor cilíndrico bimembranófono— y la guacharaca son los eslabones directos entre aquella música ancestral y el vallenato que hoy reconoce el mundo entero.

La Conquista: un territorio en llamas

Los primeros navegantes europeos en avistar las costas de la futura gobernación de Santa Marta fueron Alonso de Ojeda, Américo Vespucio y Juan de la Cosa, quienes habían salido de Santa María en 1499. En 1501 llegó Rodrigo de Bastidas, quien recorrió la costa y fue, años más tarde, el único gobernador que estableció vínculos de amistad —no de violencia— con los caciques vecinos. Bastidas llegó a Santa Marta en 1526 y su gestión quedó consagrada como un modelo de lo que pudo haber sido la colonización y jamás fue: fue asesinado por sus propios soldados, víctimas del desenfrenado apetito de riquezas.

La historia de la conquista del Valle de Upar es la historia de nueve gobernadores cuyas gestiones marcaron décadas de violencia sistemática sobre las poblaciones indígenas. La documentación de esas atrocidades, preservada en las crónicas del padre Bartolomé de Las Casas y en los escritos de Fernández de Oviedo, constituye uno de los testimonios más estremecedores de la historia americana.

Cacique

Upar

Máximo jerarca de la nación chimila. Fue apresado por Alfinger, obligado a recibir el bautismo católico y ejecutado en la plaza de su propia ciudad, reducida luego a cenizas. Su nombre es el nombre de este valle.

Héroe indígena

Francisquillo el Vallenato

Indio chimila bautizado como Francisco Heredia hacia 1531. Juró vengar la muerte del cacique Upar, se infiltró en las huestes alemanas haciéndose pasar por esclavo y asesinó al propio Alfinger. Es el primer vallenato nombrado en la historia.

Resistencia

Cacique de Bonda

Nunca cedió ni se sometió. Cuando un ejército de mil doscientos españoles invadió su comarca, libró una batalla que dejó treinta invasores muertos y obligó a los jefes enemigos a proponer convenios de paz.

El conquistador alemán Ambrosio Alfinger encarna la cara más brutal de la invasión. Durante su campaña por el Valle de Upar arrasó la ciudad del cacique Upar, esclavizó y asesinó a miles de indígenas. La ciudad actual de Valledupar nació sobre las cenizas de esa destrucción, cuando el gobernador Miguel Díez de Armendáris ordenó poblar la tierra adentro. Este acontecimiento fue, en palabras del historiador, el hecho histórico más importante sucedido en el país de los chimilas desde el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Cronología: de los chimilas a Valledupar

Tiempos inmemoriales

La nación chimila domina el Valle de Upar. Su capital, situada en el lugar donde hoy está Valledupar, es el centro político de un territorio que abarca desde el río Magdalena hasta La Guajira.

1499 – 1501

Ojeda, Vespucio y Juan de la Cosa son los primeros europeos en avistar la costa. Rodrigo de Bastidas explora las costas de Santa Marta y el Cabo de la Vela.

1526

Rodrigo de Bastidas llega a Santa Marta. Establece alianzas con los caciques indígenas y funda una ciudad con miras a poblar, no solo saquear. Es asesinado por sus propios subalternos.

1531

Primera mención del término vallenato en las crónicas históricas, referido a un indio chimila bautizado cerca de la futura Valledupar. Alfinger destruye la ciudad del cacique Upar y ahorca al cacique.

Hacia 1544

El capitán Francisco Salguero funda la Ciudad de los Reyes sobre las corrientes del río Guatapurí, en el sitio de la antigua capital chimila. Es el origen histórico de Valledupar. El Congreso de la República celebra los 400 años de Valledupar el 1.° de octubre de 1944.

Siglo XVII

Período del definitivo poblamiento español en la tierra adentro. Los "Pacificadores de los chimilas" fundan o repueblan Codazzi, La Paz, Villanueva y San Juan. Se consolida la ganadería como actividad económica y con ella la cultura del vaquero trashumante.

Siglo XVIII – XIX

Se consolida la síntesis triétnica. El acordeón —de origen europeo— llega a la costa caribe colombiana y se incorpora a una tradición musical ya existente: la de los cantos del valle, los ritmos de caja y guacharaca, la poesía oral de los vaqueros.

Actualidad

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La Colonia: mestizaje, riqueza y resistencia

Una vez consolidada la conquista, el Valle de Upar ingresó al sistema colonial bajo la gobernación de Santa Marta. Los gobernadores de la Corona describían el territorio con asombro: algodón de primera calidad que crecía silvestre en muchos parajes, cacao apto para el cultivo extensivo, tabaco de gran rendimiento, caña dulce, maderas preciosas para construcción, perlas en la costa y minas de oro en la cordillera. Sin embargo, el modelo extractivo colonial desvió esos recursos hacia Cartagena y la metrópoli española, dejando a la región empobrecida y sin desarrollo propio.

La resistencia indígena no cesó con la fundación de las primeras ciudades. Los chimila, recluidos en el centro del actual departamento del Magdalena, recuperaron fuerzas en el siglo XVII y reanudaron sus hostilidades. Esto obligó a la Corona a nombrar funcionarios con el título de "Pacificadores de los chimilas", encargados de colonizar mediante repoblamientos. Bajo su gestión surgieron o se consolidaron los pueblos que hoy conforman el tejido urbano de la región cesarense.

La trietnicidad: el alma triple del vallenato. De la convergencia forzada entre el indígena chimila, el africano traído como esclavo y el colono europeo surgió el hombre vallenato. Esta mezcla no fue armónica ni igualitaria; fue producto de la conquista, la evangelización forzada y el trabajo en las haciendas. Pero de esa amalgama emergió una identidad cultural genuina y original que el historiador Gutiérrez Hinojosa denomina trietnicidad: el carácter triple del alma vallenata, cuya expresión más acabada es precisamente la música del valle.

La ganadería se convirtió en la actividad económica estructurante del período colonial tardío. Los vaqueros —mestizos, mulatos y libres de todos los colores— recorrían a caballo las sabanas y trochas del valle, arriando ganado entre poblaciones distantes. Esa vida trashumante, solitaria y poética, cargada de nostalgia por la tierra y por la mujer amada, es la que el historiador identifica como la cuna del canto vallenato: el relato que el vaquero transporta de pueblo en pueblo, la noticia que se vuelve melodía, el llanto que se afina en canción.

La herencia que funda una ciudad

Valledupar —cuyo nombre une las palabras "Valle" y "Upar" en un solo topónimo— lleva en su propio nombre la síntesis de su historia: el accidente geográfico y el cacique que lo gobernó. La ciudad fue capital cultural del valle desde tiempos precolombinos, en el mismo sitio donde la nación chimila tuvo su centro de gobierno y su vida política. Esa continuidad territorial es una de las características más notables de este lugar: a diferencia de muchas ciudades colombianas fundadas en sitios escogidos por conveniencia militar o administrativa, Valledupar ocupa el mismo espacio que habitó la civilización que la precedió.

Hoy Valledupar es capital incrustada en tres departamentos —Cesar, Magdalena y Guajira— y sigue siendo el corazón espiritual de todo el territorio vallenato. Esa continuidad no es una casualidad administrativa. Es la expresión de un vínculo profundo entre la geografía, la historia y la identidad cultural de un pueblo que, a pesar de siglos de conquista y colonia, preservó su carácter musical, su hospitalidad y su manera de narrar el mundo a través del canto. El Festival de la Leyenda Vallenata, celebrado cada año desde 1968, no es otra cosa que la continuación de una tradición que tiene raíces en las culturas aborígenes del valle y que hoy el mundo entero reconoce como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

"Valledupar continúa siendo la capital cultural de todo el valle, tal como lo fue la que existió en su lugar antes de la conquista, y muy a pesar de las barreras que oponen actualmente los linderos políticos de los departamentos del Cesar, Magdalena y La Guajira." — Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa

Contenido basado en: Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa, Cultura vallenata: Origen, teoría y pruebas. Plaza & Janes Editores Colombia Ltda., Santafé de Bogotá, 1.ª edición, 1992. ISBN 958-14-0228-4. Investigación apoyada en el Archivo Histórico Nacional de Bogotá, crónicas coloniales (Bartolomé de Las Casas, Fernández de Oviedo, Lucas Fernández Piedrahíta) y tradición oral del Valle de Upar.